Momentos en los que me pregunto
si todo está bien conmigo.
Esta anestesia.
No siento dolor por ti,
la felicidad también se ausenta.
Pero debería sentirlo.
Estoy sedada y no fue mi culpa.
Aún así espero me perdones,
me disculpes por no llorar,
por no extrañarte.
martes, 19 de noviembre de 2013
Anestesia
lunes, 18 de noviembre de 2013
jueves, 14 de noviembre de 2013
Acaso
¿Acaso simulo falsa seguridad?
¿Acaso me pierdo en las inmaculadas pestañas del reflejo en el manantial?
Si cuando mis pétalos caen,
en los más fríos de los inviernos,
y mi esencia despojada queda.
Cuando busco en lo más profundo de mí.
¿Y si acaso soy la mujer que no quería ser?
martes, 12 de noviembre de 2013
Inmensidad
No la subestimes.
No subestimes su sumisión.
No subestimes su inocencia.
No subestimes al viento que se la lleva.
No te confíes, allí seguro en tu imaginación.
No olvides que las mariposas son cazadas.
No ollvides que las mariposas son robadas.
lunes, 11 de noviembre de 2013
Culpa
¡Qué ambiguo!
Con una mano me oprimo el pecho,
mientras con la otra intento sacarla.
Ingenua me pierdo en la espesura de la mentira, del descontrol.
¿Por qué no puedo ser mi dueña?
domingo, 10 de noviembre de 2013
Corsé
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D
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espido a la criada
amablemente, mientras me adentro en la intimidad de mis aposentos. Me siento frente al espejo contemplando mi
blanca tez, herencia de mi prestigioso linaje, y mis rojos labios que pronto
tendrían dueño.
“Hija mía. Me enorgullezco y me lleno de gracia por la
hermosa mujer en la que te has convertido.
Tan respetuosa y educada. Oh,
hija mía. Tú y Sir Williams son la
pareja más envidiada de la villa y deberías estar agradecida.”
“Lo sé madre. Lo estoy.”
Pronuncié.
Me estremecería saber
que cuando me tocara no sentiría nada; cuando me besara lo esquivaría; cuando
acariciara mi cuerpo desnudo y virgen, cumpliría con un deber, mi deber como mujer. Lo que corresponde. Lo que todos esperan que sea. Un campo verde y fértil, el cual será
cultivado y, mientras mi esposo espere la llegada de los hijos, saciará su
lujuria en los burdeles, creyendo que no lo sabré. Creyendo que mi tierna inocencia me convierte
en una estúpida.
Estoy usando mi blanco
vestido y camino hacia él. Y sí, he
llegado a una conclusión. La vida es un
corsé, el corsé blanco que me estiliza, que me hace estar erguida en esta
pasarela. El que levanta mis senos y me
ata a esto. La vida es un corsé. De diferentes colores y texturas pero siempre
bello por fuera. Hace de la mujer un
objeto hermoso y deseable. Así es la
vida vista por quien no la vive. Bella y
llena de gracia. ¿Pero alguien ha
pensado cómo se sufre con el corsé? Cada
inhalación es toda una proeza. Aprieta
el vientre y asfixia; a veces tanto que puede llegar a matar. Y a mí me está matando. Aquí y ahora.
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